La murga como territorio de encuentro

Un baile y una música para mostrar la cultura barrial y comunitaria. Una canción para hacer escuchar la voz de lxs pibes, sus problemas y resistencias. Un espacio de disfrute y construcción política. Todo eso y mucho más habita en Los Inquietos Poderosos, la murga de barrio Yapeyú que surgió a partir de talleres de la organización La Poderosa y que hoy nuclea a 30 niñxs y jóvenes en torno a esta actividad artística, popular  y colectiva.

Por Verónica Carpintero*

“Practicar el espacio, es repetir la experiencia

 alegre y silenciosa de la infancia; 

es, en el lugar, ser otro y pasar al otro”

Michel De Certeau

Percibir a la murga como un espacio de construcción de sentido nos permite comprender por qué los festejos de carnaval fueron prohibidos durante la última dictadura militar en Argentina. Retornó la democracia pero pasaron muchos años hasta que se volvió a restablecer el feriado para celebrar los carnavales como espacios de creación y vinculación colectiva. 

En barrio Yapeyú de la ciudad de Córdoba, la murga como actividad artística popular demostró ser mucho más que un componente del carnaval: en la actualidad está activa todo el año y ya no le alcanza ese breve mes de festejos.

Fue por iniciativa de lxs vecinxs que se retomó este género artístico. “Antiguamente había carnavales en el Yape, pero se disolvieron durante el gobierno de los militares”, nos cuenta Evelyn Sanches, integrante de Los Inquietos Poderosos, la murga del barrio que surgió a partir de los talleres de educación popular generados por la organización social La Poderosa.

“Mi hermano con un amigo, se juntaban a tocar el bombo en una plaza del barrio;  comenzaron a acercarse pibes y a consolidarse un grupo que al mismo tiempo empezó a tener más contacto con la “Pode” -en alusión a La Poderosa- ya que mi hermano y el amigo militaban en la organización. A partir de ahí se armó el taller de murga”, agrega Evelin.

El martes es el día que La Choza, el espacio cultural de la organización, recibe alrededor de 30 niñxs y jóvenes murguerxs de entre 6 y 14 años que asisten al taller. Si bien estos encuentros están coordinados por talleristas voluntarixs, la creación es colectiva: mientras ensayan y practican, se divierten, a la vez que refuerzan su identidad barrial y de grupo. El sentido de pertenencia hacia la murga hace que las chicas y los chicos que participan no lo vean solamente como un taller sino que asumen un compromiso con el proyecto. La murga les permite interpretar y leer el mundo con sus cuerpos.

El barrio como terreno fértil para la cultura

La Poderosa no es un organización ajena a Yapeyú: ya tiene más de diez años allí. Muchxs de lxs chicxs asisten a La Choza desde que tenían pañales. Ya desde muy chiquitxs participan en talleres y han creado su mirada y lectura desde el barrio. Quienes participan del espacio de comunicación de la organización nos cuentan que muchas veces se la ve como una formación externa que viene “a salvar la vida de” y a decir verdad La Poderosa es el barrio: es el encuentro en la plaza, las asambleas semanales con todxs lxs vecinxs presentes, los espacios de educación popular, la murga, la cooperativa de trabajo.

Los espacios de militancia de la organización La Poderosa en el barrio se iniciaron en el año 2008 y a partir de 2012 comienzan las actividades en el lugar que fue bautizado como La Choza, por la precariedad que tenía en ese momento. Se proponen a la comunidad diversos talleres y distintas formas de trabajar la cultura dentro del barrio; en simultáneo se realizan acciones para resolver necesidades sociales, económicas y de infraestructura de la zona. En medio de todo eso, un par de pibes tuvieron la inquietud de la murga y la contagiaron a sus pares.

Que la experiencia de la murga sea dentro de La Poderosa hace que tenga otro tinte y la haga diferente a otras experiencias murgueras. Y esto es así porque todos los espacios de educación popular son pensados desde el encuentro, la contención y como pequeñas asambleas, donde desde pequeñxs lxs niñxs y jóvenes se reúnen a debatir y a construir políticamente.

La murga del Yape es un símbolo de eso: unos pibes se juntaban a tocar murga y poco a poco pudieron ir generando sus consignas y su posicionamiento. Entendiendo a la murga como un espacio de construcción política y de resistencia cultural, y eso intentan replicarlo en todos los barrios.

Carnaval antirrepresivo

En Córdoba capital hay dos asambleas Poderosas: en los barrios Yapeyú y Los Cortaderos, en el noroeste de la ciudad. Éste último, nos cuentan desde la organización, está atravesado por la violencia institucional y la represión estatal.

Allí, en 2014 dos policías de la Provincia de Córdoba mataron a Fernando “Güere” Pellico. En ese momento quienes participan del área de comunicación de La Poderosa se acercaron al barrio para acompañar esa causa, porque entendían que muchos derechos estaban siendo vulnerados. Al poco tiempo las familias comenzaron a organizar asambleas impulsadas por la tía de Güere. Después, y con la misma inquietud de activar la cultura dentro del barrio y un sentido de pertenencia, se fue formando una murga.

En 2016 mataron a dos pibes más: Raúl y José. Después de eso el barrio quedó en silencio, devastado. Ya habían iniciado la experiencia de la murga en Cortaderos y desde la misma asamblea salió la idea de hacer un carnaval antirrepresivo, que lo vienen sosteniendo hace tres años con presentaciones de la murga Poderoso carnaval y visibilizando la cultura del encuentro y de la solidaridad, que está presente en todos los barrios pero que muchas veces es invisibilizada. Ese es un espacio de construcción política y comunitaria.

Inquietos y poderosos

Evelin Sanches y Facundo Farias son lxs integrantes más grandes de la actual formación de la murga de Yapeyú. Evelin tiene 20 años y para ella la murga es pasión. “Yo vengo de una familia murguera, la murga corre por nuestras venas”. Nos cuenta que cuando era pequeña su mamá no la dejaba actuar en la agrupación, sólo se lo permitía si estaba su hermano. Pero poco a poco logró tener su lugar y al día de hoy es una referente de Los Inquietos.

En ese sentido la definición de roles dentro de la murga también cambió con el paso del tiempo: “Al principio la chica bailaba y el hombre tocaba y lo empezamos a desarmar, si un pibe quiere bailar, baila. Facu baila y otra chica toca y la rompe. Cada uno elige lo que quiere hacer. Los colores y la vestimenta sí son decididos entre todes”, relata Evelin.

Del mismo modo pasa con las letras de las canciones. La murga como género artístico se caracteriza por ser vocera del sentir popular, sus letras reflejan el contexto. Lxs murguerxs cantan, bailan y divierten a la gente pero también la ponen a pensar. “Si los pibes quieren decir que acá  hay problemas con las cloacas, nosotros apoyamos eso; entonces se hace una canción de presentación sobre esa temática”, dice Facu. Pero también reconoce que las “flasheadas” de lxs más peques pueden terminar en canciones, porque a la hora de componer no hay límites.

Las canciones que han escrito les chiques son sinónimo de resistencia. Cada año, en cada corso, la murga además propone una consigna; este año fue “sacate la gorra y ponete la galera”; anteriormente fue “el Yape no es peligroso, es inquieto y poderoso”.

Me preparo pa´ los tres saltos

Cuando suena el bombo yo

Me preparo pa los tres saltos

Bailando una rumba voy saltando hasta la luna.

Aunque me quieran censurar 

Me descontrolo con la matanza

Pego un grito fuerte al viento pa que el inquieto baile contento

Mandamos una bomba a la amargura

Y la murga en esta canción

Dice basta de represión.

La murga libera y hermana

La murga como arte popular atraviesa y transforma a quienes la practican, a las personas que son interpeladas por sus canciones y a cada contexto donde se hace presente. Es creación en comunidad, es recuperación de memoria y un arma poderosa para transmitir valores y reforzar la identidad.

Aunque la experiencia forma parte de los espacios de educación popular de La Poderosa, cuando lxs ven tocando en la plaza o caminando por las calles lxs reconocen como “la murga de Yapeyú”. “La pertenencia que ha tomado la murga con el barrio y el barrio con la murga es hermosa”, expresa Evelin con una mezcla de orgullo y satisfacción.

Para la joven murguera no es solamente asistir a los ensayos, bailar y tocar: “Lo vivo como una forma de expresarme y hacer escuchar la voz del barrio en cada presentación, en cada marcha; de hacer presente la voz de lxs pibes en ciertos lugares. Siento a la murga como una forma de liberación”.

Pero además, Eve reconoce que la murga es indisociable de su cotidianidad: “Hay días que tenemos libres y le digo a Facu que nos juntemos, y cuando nos encontramos ni siquiera tomamos mate, nos juntamos sólo a tirar un par de pasos. Necesitamos que la murga esté presente continuamente en nuestras vidas”.

A través de esta experiencia artística y cultural lxs jóvenes construyen una forma de ver y valorar a la sociedad, así como también de verse y autovalorarse a sí mismxs. “La frase que nos representa a Los Inquietos es ‘el Yape no es peligroso, es inquieto y poderoso’, que fue postulada como consigna para un festejo de carnaval y está en el circuito de murales que abarca dos cuadras de la manzana donde está La Choza. Esa frase, que la hicimos entre todos y todas, marcó mucho para mí”, dice Facundo.

“Esto tiene esa complicidad entre compañeros y compañeras, las miradas que se entrecruzan entre quien va a tirar una patada y quien va a pegarle al bombo. Eso también es un lazo que te une”. El que logra trasladarnos con sus palabras a ese momento preciso e irrepetible de la murga es Julio Pereyra, integrante del equipo de comunicación de La Poderosa.

El encuentro también se da con otros grupos, barrios y organizaciones. “En la época de carnavales, recibimos invitaciones de las otras murgas, por ejemplo de Poderoso Carnavalde Los Cortaderos, que es nuestra murga hermana. Nosotros mismos tenemos nuestro propio corso que va por el cuarto año. Y también participamos en marchas a las que nos invitan”, cuenta Evelin.

El ritual de la murga no está limitado a los festejos del carnaval, tampoco al baile y a la música. Los Inquietos Poderosos de Yapeyú transforman con su práctica un lugar en un espacio, un barrio en un territorio con sentido e identidad. Y dentro de ese espacio se genera el tiempo para la infancia, para jugar, divertirse y disfrutar. Pero sobre todo un tiempo -indispensable en esta época- para encontrarse, expresarse y resistir. Para crear comunidad.

**Licenciada en Comunicación Social, Facultad de Ciencias de la Comunicación, UNC.